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Queridas lectoras y lectores, me gustaría compartir con vosotras y vosotros mi amor más que confesado por la literatura erótica de aquellas mujeres escritoras que me precedieron y que marcaron tanto mi forma de pensar como mi afición por este tipo de literatura.

La lista es inmensa y riquísima. Cuando somos muy aficionados a algo y sabemos mucho sobre ese tema que nos apasiona, tendemos a pensar que a los demás les pasa lo mismo, y que comparten nuestro nivel de conocimiento. Y no es verdad.

Con asombro he descubierto que la inmensa mayoría de la gente cree que la literatura erótica femenina (escrita por mujeres) ha nacido con estos títulos tan recientes y que tenemos todos en la cabeza, cuando no hay nada más lejos de la realidad. Es de agradecer, de cualquier modo, que hayan puesto el género en la estantería de la visibilidad.

Os invito a ir descubriendo en esta página poco a poco a todas aquellas autoras valientes y magníficas que llenaron miles de hojas con los relatos de amores sensuales, cálidos y húmedos, terribles a veces, que buscaban reflejar la realidad de la mente femenina y de sus deseos auténticos, libres de hipocresías y de ataduras castrantes e injustas. Relatos y también poemas, por supuesto.

Espero hacerles el honor que se merecen. Va por ellas.

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Delta de Venus de Anaïs Nin

El origen de la literatura erótica femenina

Portada Delta de Venus

Todos los escritores, el que lo niegue es porque nunca ha leído, tenemos en mente un autor o un libro “fetiche” al escribir nuestra obra. En el caso de “Carpe Diem, baby” ese libro es “Delta de Venus” de Anaïs Nin. Desde que lo descubrí, hace muchísimos años, tuve en la cabeza escribir un libro como este, con la misma estructura pero ambientado en los tiempos presentes.

Soy devota de Anaïs, todo el que me conoce lo sabe, y pese a adorar sus Diarios, esa ventana indiscreta que abrió a su propia vida durante tantos años y de los que hablaré otro día, el libro que me descubrió el erotismo con mayúsculas, el que yo entendía que me representaba como mujer sensual y plena, fue Delta de Venus.

Anaïs andaba falta de dinero, corría la década de los años 40 del siglo pasado y en la vida de ella y de Henry Miller (su amante entonces) apareció “el coleccionista”. Le llamaron así por llamarle de alguna manera. Nunca descubrieron su identidad. Les pedía que escribieran cuentos eróticos para él, y se los pagaba a un dólar la página. Les decía explícitamente: “Concéntrense en el sexo. Déjense de poesía”.

Los relatos no fueron recopilados hasta treinta años después, ya en los setenta. Anaïs no podía creer que aquello que había escrito por encargo y como puro divertimento pudiera llegar a gustarle a alguien que no fuera ella misma o al coleccionista. Se equivocaba. El libro estuvo meses y meses en todas las listas norteamericanas de superventas y supuso una revolución sexual sin precedentes, provocando debates que aún perduran.

Pese a ser un libro de relatos, en muchos de ellos las protagonistas son las mismas porque se conocen, y evolucionan juntas. No sufren cambios dramáticos, no es la idea, ni en Delta de Venus ni en Carpe Diem, baby. Ninguna de los dos son novelas románticas con escenas de cama, sino puras historias de andanzas que buscan complacer a la lectora o lector, llevarle en unas cuantas páginas a unas situaciones que le remuevan por dentro.

Los primeros cuentos de Delta de Venus son autónomos del resto de la obra. Son más brutales, más terribles, porque Anaïs escribía tal y como el coleccionista le había pedido. Se centraba en escribir como los hombres. Poco a poco cambió eso. Lo fue modulando y matizando, dándole su esencia, no sólo como escritora, genial en todas sus frases, sino como mujer. Brotaron de su pluma entonces las artistas y las modelos. Mujeres que posaban sin ropa para pintores y para escultores (el capítulo Eva y el amor por el Arte de Carpe Diem, baby es un homenaje a Anaïs). Nacieron a la luz personajes sublimes como Leila, lesbiana andrógina, Elena, apasionada y enamoradiza, o Bijou, prostituta ardiente que arrasaba a su paso cualquier brizna de hierba.

Anais utiliza un lenguaje directo, y a la vez infinitamente elegante, duro pero también sutil, pulcrísimo, sensual en todas y cada una de sus palabras. Destilan sus historias la misma miel que sus protagonistas. También en Delta de Venus como en Carpe Diem, baby (o mejor debería decirlo al revés) las mujeres de su época se sentían identificadas. Las protagonistas parecían reales, los hombres que las acompañaban parecían reales, unas veces quedaban ellas satisfechas y otras no, unas veces el amor era auténtico y otras falaz, era la vida misma en situaciones cualquiera, pero con un toque imperceptible de magia, de polvo de hada.

Mi recomendación: Por favor, leed “Delta de Venus”, no os arrepentiréis. Pronto tendréis vuestro relato favorito, como tengo yo el mío, aunque no os diré cuál es.

Como diría Anaïs… Hasta la próxima entrega de mi selección de libros eróticos, Queridas y Queridos Coleccionistas.